• Los niños de diez a trece años son tierra fértil para concluir la siembra en que la niñez sea asidero de su adolescencia y adultez
• La educación, junto con la herencia, es el aspecto del ser humano que más directamente interviene para formar la personalidad
• Personalidad y educación son un binomio cuya cosecha garantiza un excelente producto existencial
• La existencia humana se armoniza con una personalidad que es capaz de ser ella misma y de dar a los otros
Educar la personalidad durante la niñez y hacer hincapié en los años finales de la misma, es establecer bases sólidas para que los niños vayan responsabilizándose de su ser por medio del conocimiento y cuidado personal. Es necesario dotarlos de las habilidades para resolver problemas, con la finalidad de que desarrollen actitudes sanas y positivas hacia sí mismos y hacia los demás, y sepan asertivamente expresar sus sentimientos, emociones y estados de ánimo. Todo lo anterior con base en sus originalidades.