Paciencia de Dios, impaciencia de los hombres

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¡Qué fácil es perder la paciencia! ¿Quién no estaría de acuerdo con esta expresión? Sin embargo, tal vez habría que preguntarse si quien dice que perdió la paciencia, realmente la tenía. En muchos casos sería más propio reconocer que se carece de ella. Esta falta de paciencia se suele manifestar de diversas maneras: desesperándose ante la espera requerida para resolver un problema; enojándose frente a la impotencia para encontrar la solución; desanimándose ante los errores que exigirían rectificación.

El autor ofrece una visión cristiana para encontrar en Dios la fuerza que necesitamos para conseguir la capacidad de ser pacientes, a través del ejercicio de las virtudes teologales pues, como decía Benedicto XVI, “la paciencia es una forma cotidiana de amor donde está presente también la fe y la esperanza”.

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